El Castillo de Moya, también denominado Castillo de los Bobadilla, se encuentra situado en la punta meridional del monte de la Peña, en la localidad de Moya de la provincia de Cuenca (Castilla-La Mancha).
La
villa de Moya tuvo una importancia excepcional en la Edad media como
fortaleza avanzada de Castilla al borde mismo de Aragón y Valencia.
Los Reyes Católicos valoraron aún más ese papel y en 1475 la
cedieron a don Andrés Cabrera (primer marques de Moya), impulsando
su importancia administrativa al convertirla en capital de un
poderosísimo marquesado que extendía su señorío por un amplio
territorio, que incluía 36 pueblos. El núcleo urbano fue construido
en lo alto de un cerro amesetado, y junto a él el castillo (del
siglo XIII) dominando todo el valle.
Moya
fue poblada por Alfonso VIII en el año 1210 tras la conquista de
Castielfab, Ademuz y Serreilla por Pedro II de Aragón. A comienzos
del siglo XIII se
cede a la Orden de
Santiago y
se funda el hospital para redención de cautivos, siendo su primer
señor Don Juan González, maestre de Calatrava. Desde entonces va
rotando en propiedad por diversas casas como os
Lara o los Albornoz. En 1319, Fernando
IV la declara Patrimonio de la Corona, siendo desde
entonces tierra de realengo y villa. A mediados del siglo XV pasa a
manos de Don Juan Pacheco,
marqués de Villena, pero no podrá tomar posesión ante la negación
de los habitantes.
El
que sí podrá tomar posesión en 1475 es Don
Andrés de Cabrera, mayordomo de la Casa Real y
esposo de Doña Beatriz de Bobadilla, camarera de la reina Isabel la
Católica. Cinco años más tarde la villa y sus tierras adquieren en
rango de marquesado. Durante
el siglo XVI vive la ciudad su máximo apogeo, construyéndose nuevos
inmuebles y templos, además de reforzarse otros como la muralla y el
castillo. A partir del siglo XVIII es cuando se
inicia la decadencia de la villa, deshabitándose por completo a
mediados del siglo XX, concretamente en la década de los 50.
Está
rodeada por una doble muralla. La exterior forma parte de un castillo
cuyo aspecto actual se remonta al siglo XV. En ella encontramos la
monumental Puerta de la Villa. Otras, como la de San Juan y la de Los
Ojos, forman parte de la muralla interior.
El
recinto estaba protegido por una muralla con foso, y por la propia
escarpadura de la inaccesible montaña. Aún conserva los lienzos de
sus murallas, la techumbre, la torre del homenaje y varios torreones,
algunas de las puertas de acceso, y hasta el pórtico y espadaña de
la iglesia. Posee una torre cilíndrica en cada extremo, y en el
centro la puerta de entrada flanqueada por dos torreones cilíndricos,
volados sobre arcos en semicirculo ojivales que imitan las cornisas
de matacanes. En el interior, el patio de armas tiene una robusta
torre del homenaje, que debió ser construida en el siglo XIII.
La
fortaleza se ha transformado hoy en una triste pero, sin embargo,
bellísima ruina.
Fuentes: Wikipedia
castillos.net
Galería:







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