lunes, 18 de mayo de 2026

Poblado Fortificado de Castellar de Meca (Ayora, Valencia)

 


El Poblado Fortificado de Castellar de Meca, cuya época corresponde al ibérico (siglos V-II a.C.), y también al bronce, romano, islámico y medieval, se encuentra localizado en el término municipal de la localidad de Ayora, en la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes de la provincia de Valencia (Comunidad Valenciana), sobre un largo cerro denominado Mugrón de Meca (Sierra del Mugrón), dentro de la finca denominada "Casas de Meca). 

Este yacimiento muestra evidencias de ocupación desde la Edad del Bronce (Siglo VI a.C.), a los íberos (Siglo VI a.C. a Siglo III a.C.), a los romanos (Siglo II a Siglo I a.C.) y hasta la Edad Media (Siglo XII). Las ruinas se consideran pertenecientes a un poblado ibérico ocupando aproximadamente 15 hectáreas. A simple vista se pueden ver sus antiguas murallas que servían de defensa a esta población, pero además por las características del terreno, estas también forman parte de una fortaleza natural, situándose a unos 1218 metros de altura sobre el nivel del mar en su punto más elevado. 

Se encuentra en una meseta del monte, con un único acceso, y por el que posiblemente los íberos trazaron un camino, el llamado Camino Hondo (que hoy aún conserva importantes vestigios de las huella dejadas por las ruedas de los carros, y pequeñas cavidades, donde ponían el pie las bestias que transportaban sus cargas), que unía la ciudad-fortaleza con el llano. De esta época íbera son también los restos de casas excavadas en la roca así como los abundantes aljibes. 

La ciudad ibérica desapareció con la conquista de los romanos, aunque la influencia ibérica se mantuvo durante un tiempo. En la zona occidental se observan restos de una torre romana, no hay constancia de que hubiera elementos arquitectónicos, aunque sí se hallaron sillares de varios tamaños bien labrados. La población fue creciendo y extendiéndose por las laderas, sobre el camino íbero inutilizado, construyéndose habitaciones medievales rectangulares. Se sabe que en el siglo XV la ciudad estaba desierta, lo cual puede deberse al brote de peste negra que sufrió la zona a mediados del siglo XIV. 

La planta del yacimiento tiene unas 15 Ha., con una extensión de unos 800 m. en dirección este-oeste. Murallas ciclópeas, numerosas cisternas y casas talladas en la roca. Cerámicas ibéricas, romanas e islámicas. El denominado Camino Hondo, con una pendiente del 30 % constituye una asombrosa obra de ingeniería prerromana. En el último tramo, la roca está excavada 4,30 m. con una anchura de 1,93-2,15 m. Para superar la pendiente se alargó el recorrido y obligó a realizar una cerrada curva para cambiar el sentido del camino hacia el centro de la ciudad. El suelo, sobre roca viva, presenta profundas rodaderas como consecuencia del paso de las ruedas de los carros durante 1500 años. 

En los laterales se aprecian unas hendiduras en la piedra que, presumiblemente, servirían para introducir trancas de madera y sujetar así las ruedas evitando el deslizamiento por la pendiente. En la meseta se pueden observar habitaciones excavadas en la roca, escaleras, y numerosos depósitos (más de 100), el mayor llamado "El Trinquete" de 29 x 5 m., con una profundidad estimada de 14 m. (más de 2000 metros cúbicos de agua). No todos los depósitos serían aljibes, ya que algunos pudieron ser utilizados como graneros o almacenes. 

Existen restos de muros de difícil datación, ya que el poblado estuvo habitado hasta época medieval (posiblemente entre los siglos XIII-XIV). Al oeste de la denominada "Cueva del Rey Moro" se encuentra la fuente, con su caño original que ha sufrido una modificación, y en la que se aprecian unas escaleras excavadas de época ibérica, y algo más abajo, el aljibe.

Las características del poblado sugieren que éste sería un gran almacén de productos agropecuarios que explicaría el camino de acceso para facilitar su transporte desde el llano. La construcción del camino y de los sistemas de almacenaje requiere de una clase dirigente con capacidad de organizar recursos y gestionarlos de forma eficaz. En épocas de depresión por malas cosechas o crisis, la defensa del lugar y sus recursos excedentarios almacenados en periodos de bonanza, sería fundamental. 

Estas clases ibéricas dirigentes y un sistema económico bien organizado serían la base del desarrollo de la cultura ibérica desde el siglo V al siglo III a.C., con su capacidad de crear monumentos funerarios, ricas necrópolis, santuarios y esculturas, característicos de la zona. El Castellar de Meca sería un importante centro económico del que únicamente queda su esqueleto impreso en piedra. La excavación científica de la ciudad pondría de manifiesto, sin duda, que estamos ante una de las principales ciudades ibéricas de la Península Ibérica. En la actualidad este yacimiento arqueológico es de propiedad privada. Los días de visita son los domingos de 9 a 14h. 

Fuentes: Wikipedia

               castillosricsol.org

               Ayto. de Ayora (Valencia)

               Foto: Julio Asunción

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Castillo de Castelo Bom (Portugal)

 


El Castillo de Castelo Bom se encuentra situado en la parroquia de Castelo Bom perteneciente al municipio de Almeida en el Distrito de Guardia (Portugal). 

Se alza en una posición dominante sobre una colina rocosa con vistas al río Coa, cuyo cruce defendía. Forma parte de las tierras de Ribalcoa y es vecino del Castillo de Mendo y de Almeida. Según la evidencia arqueológica, la ocupación humana más antigua del sitio se remonta a un castro prehistórico de la Edad del Bronce. Se cree que, debido a su posición estratégica con vistas al río, ha estado habitado de forma continua desde entonces.

En la época de la Reconquista cristiana de la Península Ibérica, la región fue conquistada inicialmente por fuerzas del Reino de León. Las tierras de Castelo Bom y su castillo pasaron a la Corona portuguesa como parte de la dote de la reina Santa Isabel tras su matrimonio con el rey Dinis en el año 1282, otorgándole el soberano una carta real en el año 1296. Parte del territorio de Ribacoa, disputado con León por el rey Dinis (1279-1325), su posesión definitiva por Portugal quedó asegurada por el Tratado de Alcanices (1297). A partir de entonces, el soberano buscó consolidar sus fronteras, ordenando la reconstrucción de los castillos de Alfaiates, Almeida, Castelo Bom, Castelo Melhor, Castelo Mendo, etc. En este contexto, comenzaron las obras de reconstrucción del castillo y las murallas de la ciudad de Castelo Bom, que se extendieron hasta principios del siglo XIV. 

Según la iconografía de Duarte de Armas en su Libro de las Fortalezas (1509), durante el reinado del rey Manuel I (1495-1521), las murallas del castillo presentaban dos torres cuadradas, dominadas por la torre del homenaje, con una barbacana, también con dos torres, al sur y al norte. La muralla de la ciudad era doble, con una torre al noroeste. El soberano renovó la carta fundacional de la ciudad (Nueva Carta) en el año 1510, ordenando la reparación del castillo y las murallas, obras que comenzaron en el año 1512 , supervisadas por el maestro de obras João Ortega y el cantero Pero Fernandes. 


En el contexto de la Guerra de la Restauración, el magistrado principal de la ciudad era el vizconde de Vila Nova de Cerveira y marqués de Ponte de Lima. El castillo contaba con una torre fortificada (donde se ubicaba la prisión) y estaba defendido por dos piezas de artillería, constituyendo un importante puesto defensivo en la frontera, habiendo servido de refugio a los gobernadores de Beira. Se cree que el Pozo del Rey y el Pozo de la Escalera datan de este periodo. 


En el siglo XIX, tras la extinción del municipio de Castelo Bom (1834), comenzó un período de decadencia que culminó con la degradación de las defensas restantes de la ciudad. A mediados del siglo XX, el castillo fue declarado Monumento Nacional mediante decreto publicado el 2 de Enero de 1946. En aquel entonces, la torre del homenaje aún permanecía en pie cuando fue demolida por un particular que pretendía construir allí un refugio para su burro. Actualmente, entre los restos se pueden ver secciones de la muralla, la Puerta del Pueblo, una torre en ruinas, el escudo de armas con el antiguo emblema del pueblo, la cisterna (Pozo del Rey), un polvorín, una caseta de guardia y dos pozos. 

A una altitud de 725 metros sobre el nivel del mar, el castillo, construido con mampostería de granito, presenta una planta orgánica, irregular y casi rectangular, rodeada exteriormente por una barbacana, también de forma irregular, en la que se abre la Puerta de la Ciudad hacia el este. Esta puerta, con suelo irregular, tiene un arco apuntado en el exterior y un arco de medio punto en el interior, con bóveda de cañón y bisagras de piedra. En la cara interior de las murallas, una escalera de piedra conducía al parapeto y a la torre del homenaje, de planta cuadrada, actualmente en ruinas. Asimismo, en un tramo de las murallas, al sur, destaca el escudo de armas con el emblema de la antigua ciudad. 

En el sector sur, está la nombrada cisterna, conocida localmente como el Pozo del Rey, de planta rectangular. Al sur, de planta circular, el también conocido como Rebolím (o Polvorín). 

Fuentes: Wikipedia

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El Pozo del Rey











Castillo de Caminha (Portugal)

 


El Castillo de Caminha, también llamado Fuerte de Caminha, se encuentra situado en la localidad de este mismo nombre en el Distrito de Viana do Castelo al norte de Portugal. 

El municipio limita al norte con el río Miño, al este con los municipios de Vila Nova de Cerveira y Ponte de Lima, y al oeste con el océano Atlántico. Caminha, una localidad marítima, medieval y fronteriza, que da nombre al municipio y es su sede, data de la época de la Independencia y se desarrolló como puerto costero hasta que los Descubrimientos provocaron el declive de esta función. El municipio adoptó entonces un estilo de vida modesto, que solo cambió en el siglo XX con su integración en la red de carreteras del país y el desarrollo del turismo. 

En la Edad Media, y en la lucha contra la piratería musulmana, surgió en Caminha un centro de construcción naval y navegación costera, lo que abrió las puertas a un estilo de vida ligado al mar. Desde el puerto de Caminha partían barcos hacia diversas partes de Europa. En 1284, el rey Dinis le otorgó una carta real, y en 1392, el rey Juan I la convirtió en puerto franco. Durante el reinado del rey Alfonso V, la ciudad se benefició de prerrogativas que impulsaron decisivamente su desarrollo comercial. Fue también este rey quien, para repoblarla, la convirtió en refugio para fugitivos, enviando allí a prisioneros y criminales. Esta medida fue reforzada por el rey Manuel I y, posteriormente, por el rey Juan III. 

En 1512, el rey Manuel I ratificó la antigua carta fundacional y procedió a la reconstrucción del Fuerte de Ínsua. Durante la Guerra de la Restauración (1640), la ciudad se convirtió en una pequeña fortaleza. Y en la fase final de las guerras entre liberales y absolutistas, Caminha, al igual que muchas otras fortalezas del norte, quedó bajo el control de los miguelistas. 

Las defensas se ampliaron y reforzaron desde la Reconquista cristiana de la península, registrándose el topónimo Caminha desde el siglo X, refiriéndose, sin embargo, a la zona de la actual parroquia de Vilarelho, al este de la actual Caminha, donde, en las alturas de Coto da Pena, se pueden identificar los restos del castillo original, erigido entre los siglos X y XI. Con el progresivo aumento de la seguridad en la costa, concomitante con el desarrollo de las actividades económicas, el asentamiento se desarrolló hacia la desembocadura del río Miño, en una zona más baja y fértil con un acceso más dinámico al mar. 

En el contexto de las campañas contra Castilla, su asentamiento y defensa fueron fomentados durante los reinados del rey Alfonso III (1248-1279), el rey Dinis (1279-1325) y el rey Juan I (1385-1433), debido al valor estratégico que esta ciudad fronteriza representaba para el reino. Cuando finalizó la crisis de 1383-1385, con la nobleza del norte de Portugal aliándose con Castilla, los principales ciudadanos de Vila Nova de Cerveira, Caminha y Monção enviaron mensajes al condestable Nuno Álvares Pereira declarándose auténticos portugueses y entregándole voluntariamente estas ciudades. La ampliación de las murallas se atribuye al nuevo soberano, el rey Juan I, quien fortificó la ciudad con un segundo anillo de murallas. 

Los restos de las Murallas de Caminha evidencian las características constructivas de las fortificaciones romanas de los siglos IV y V, que fueron ampliadas y reforzadas durante los reinados del rey Alfonso III, el rey Dinis y el rey Juan I. La muralla medieval que rodeaba el pueblo, de forma aproximadamente ovalada, estaba reforzada por diez torreones. Tenía tres puertas, cada una defendida por una torre en la parte superior. Hacia el este, la llamada Puerta del Sol conectaba con la zona ribereña y los astilleros; al oeste, la llamada Puerta del Mar conectaba con el muelle del puerto; al sur se encontraba la llamada Puerta de Viana, a través de la cual se podía acceder a Viana do Castelo, y que constituía la principal entrada a la ciudad.

La torre que defendía esta última era la más robusta del conjunto, con planta cuadrada, y que originalmente constituía la torre del homenaje. Ostentaba el escudo de armas (símbolo de la autoridad real) y albergaba una imagen sagrada (símbolo de la devoción popular). A partir del siglo XVII, albergó el reloj público de la ciudad, pasando a ser conocida como la Torre del Reloj. La campana de este reloj fue fundida en 1610 y se encuentra en la pirámide que entonces coronaba la torre. Con la Restauración, el rey Juan IV mandó colocar una imagen de piedra de Nuestra Señora de la Concepción en esta puerta. 

Fuentes: Wikipedia

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La Torre del Reloj







viernes, 15 de mayo de 2026

Castillo de Cacela (Portugal)

 


El Castillo de Cacela, también llamado Fuerte de Cacela, se encuentra situado en el término municipal de la localidad de Vila Real de Santo Antonio, perteneciente al Distrito de Faro (Portugal). 

A lo largo de su historia, el Reino de Portugal y el Reino del Algarve siempre mantuvieron conflictos políticos con la vecina España, por lo que las regiones fronterizas siempre recibieron una atención especial . La desembocadura del río Guadiana divide el extremo sureste de Portugal del extremo suroeste de España, y durante muchos años la única ciudad portuguesa que protegía el territorio nacional en esa zona fue Castro Marim. Por consiguiente, y dado que este periodo fue una época de grandes cambios en el país, el 30 de diciembre de 1773 se firmó una Carta Real que establecía una ciudad en la región del Algarve: así nació Vila Real de Santo António. 

Sebastiao José de Carvalho e Melo, más conocido como el marqués de Pombal, ministro del rey José I, fue el responsable de la creación de la ciudad. La construcción de la ciudad fue bastante rápida; el 17 de marzo de 1774 se colocó la primera piedra y, para el 6 de agosto del mismo año, el ayuntamiento y la aduana, los cuarteles y la iglesia ya estaban terminados. Los edificios se construyeron de la misma manera que los del barrio de la Baixa de Lisboa, utilizando piezas prefabricadas que luego se ensamblaban en el lugar, lo que hizo que la construcción fuera más uniforme y rápida. Las obras se completaron el 13 de mayo de 1776. La ciudad se desarrolló en una cuadrícula urbana ortogonal perfecta, centrada en la plaza Marqués de Pombal. Un gran paseo marítimo se extendía a lo largo de los cientos de metros que separaban el área urbana del río Guadiana. 

A finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad prosperó. El sector pesquero (principalmente sardinas y atún) impulsó su desarrollo, convirtiéndola en un importante centro pesquero y conservero. También fue un puerto clave para los barcos que transportaban mineral de las minas de São Domingos. La importancia de la ciudad se reflejó asimismo en su desarrollo tecnológico; fue la primera ciudad del Algarve en contar con alumbrado de gas, en 1886. 

Las investigaciones arqueológicas preliminares aclaran que la ocupación humana más antigua de esta península se remonta a la época prerromana, a manos sucesivamente de cuneos, fenicios y cartagineses, vinculados a la pesca y el comercio. Tras la invasión romana de la península ibérica, los conquistadores habrían mantenido una base militar en la zona, periodo a partir del cual se habría intensificado el poblamiento del interior. Cuando la invasión musulmana de la península ibérica tuvo lugar bajo el mando general de Tariq (712), las regiones de Beja y el Algarve fueron conquistadas al año siguiente por Abd al-Aziz ibn Musa, mientras que la costa del Algarve permaneció bajo el control de clanes yemeníes y sirios. 

La zona de Cacela estaba dominada por elementos del grupo Banu Daraj, cuya ubicación privilegiada garantizaba importancia regional, convirtiéndose en capital regional hacia el siglo X. Se cree que, durante el califato, el territorio de Cacela se extendía hasta el actual municipio de Alcoutim, abarcando asentamientos fortificados y castillos, como el Castillo Viejo de Alcoutim y el Castillo de las Reliquias, situados en zonas ganaderas y mineras. Estos castillos formaban parte de un sistema defensivo asociado a una fuerte preocupación política y administrativa por la centralización y organización del territorio. 

A principios del siglo XIII, la fortificación musulmana de Cacela sufrió un período inicial de abandono, aunque conservó cierta importancia militar, al haber sido una de las últimas posiciones conquistadas por las fuerzas cristianas de Portugal en el Algarve. En la Corte Real, reunida en Santarém, con el consentimiento de su esposa, la reina Beatriz, el rey Alfonso III (1248-1279) donó este castillo, junto con el Castillo de Ayamonte, al Maestre de la Orden de Santiago. 

La estructura defensiva actual, de pequeñas dimensiones, data de finales del siglo XVIII. Tiene planta estrellada, con dos bastiones que dan al mar. Durante este periodo, se abolió la sede del condado, lo que demuestra la pérdida de importancia del asentamiento. Existen pocas pruebas documentales y arquitectónicas que permitan delimitar eficazmente la muralla musulmana original, construida con tierra apisonada, pero se estima que correspondía a una superficie de aproximadamente 0,5 hectáreas. 

En los sectores norte y este del centro histórico se pueden observar algunos tramos de la muralla del antiguo castillo medieval, de forma aproximadamente ovalada y pequeñas dimensiones. Las estructuras principales del castillo, de estilo gótico , así como la iglesia original, fueron reemplazadas por edificios posteriores. Parte de la muralla erigida por la Orden de Santiago se encuentra actualmente sumergida. 

Fuentes: Wikipedia
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