El Castillo de Alba de Tormes, también llamado Torreón de los Duques de Alba, se encuentra situado en la localidad de Alba de Tormes, en la provincia de Salamanca.
Se
remonta al siglo XII cuando el rey Fernando II de León hizo
construir una simple atalaya. En el siglo XIII, el rey Sancho IV de
Castilla convirtió la primitiva torre en un castillo.
Fue
devastado por las contiendas de la época del rey Enrique IV de
Castilla y por la de las Comunidades, pero posteriormente el I Duque
de Alba de Tormes, García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo,
lo reconstruyó y lo convirtió en su palacio privado, siendo
propiedad de la Casa de Alba hasta la actualidad aunque se conserva
tan solo la Torre del Homenaje de las seis que llegó a tener.
En
su interior se pueden visitar varias salas, como la que acoge las
pinturas murales de la batalla de Mühlberg y a través de la
escalera del contrafuerte subir al mirador. En el exterior se
encuentran las ruinas correspondientes a las excavaciones
arqueológicas iniciadas en 1991 que han puesto de manifiesto el
esplendor del que gozó en una época pasada.
Previo
a la construcción del Castillo de los Duques de Alba, cuyo resquicio
a través de los siglos ha sido la Torre del Homenaje, se encontraba
en Alba de Tormes una construcción llamada Alcázar. En dicho
monumento solía residir la señora de la villa, Beatriz de Portugal,
condesa de Arundel. Varios documentos confirman la existencia de esta
residencia e incluso hoy puede corroborarse mediante el nombre de
alguna de las calles de la villa, como pudiera ser la calle “Bajada
al Alcázar”, junto con los restos de la muralla que aún se
conserva. Bien es cierto que algunos historiadores han confundido
este Alcázar con el Castillo de los Duques, pero no sería hasta
1426 cuando el término castillo de Alba figuró por
primera vez en un documento firmado por el rey Juan II de Navarra.
El Primer señor de Alba de Tormes, Gutierre Álvarez de Toledo,
perteneciente a la Casa de Alba y el linaje más importante de los
siglos XV y XVI, nada más tomar posesión, mandó construir una
fortaleza que le sirvió de residencia en la parte más elevada de la
villa. En 1448, el rey Juan II de Castilla aguardó bajo su propiedad
el castillo durante nueve años. El traspaso del castillo fue
realizado por parte del rey Enrique IV de Castilla, el
Impotente, quien le otorgó la propiedad a García Álvarez de
Toledo y Carrillo de Toledo, II conde y luego I duque de Alba de
Tormes.
Recién
bajo el ducado de D. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III
duque de Alba o el Gran Duque de Alba, éste mandó construir una
torre de vigilancia. Fernando engalanó la obra arquitectónica con
los mejores mármoles, pinturas y tapices, y fue en esta época en la
que también fueron realizados los frescos del Salón de la Armería.
El castillo fue desde el momento de su construcción, concluida en el
siglo XVI, residencia de los Alba. A mediados de ese siglo, la
sobriedad de los severos muros de la Torre contrastó con la grandeza
de su interior, donde la Sala de la Armería muestra los frescos
renacentistas sobre la Batalla de Mühlberg. El castillo tomó aires
palaciegos, convirtiéndose en uno de los más importantes de la
geografía de España. Sus salas fueron escenario de representaciones
de las primeras obras de Juan del Encina y sus muros alojaron figuras
tan ilustres como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Garcilaso de
la Vega o al rey Fernando el Católico.
Estos
siglos de esplendor concluyeron con la Guerra de la Independencia
cuando en 1809 las tropas napoleónicas tomaron el castillo hasta su
retirada en 1812. Antes del desmantelamiento por parte de las fuerzas
francesas, el castillo sufrió las consecuencias del terremoto de
Lisboa de 1755, al que se le atribuyen las grietas de sus muros; y,
posterior a la marcha del ejército francés, Julián Sánchez «El
Charro» se ocupó personalmente de incendiar el castillo como
estrategia de defensa, con lo que quedó en desuso iniciándose un
lento proceso de ruina.
A
consecuencia de esto, en la actualidad solamente se conserva una de
las seis torres del castillo, conocida como la Torre del Homenaje, El
Torreón o la Torre de la Armería; además de la sala baja, que
alberga una exposición de restos arqueológicos entre los que
destaca el busto de mármol del Gran Duque realizado por Pompeyo
Leoni.
En
1991 la Casa de Alba cedió el Castillo al Ayuntamiento de la villa,
para que este lo utilizara con fines turísticos. La planta baja se
ha convertido en la actualidad en un museo con los restos de bustos,
cerámicas y monedas de la época; en la parte superior se ha
habilitado un museo acerca de la vida de Fernando Álvarez de Toledo
y en el exterior, se ha habilitado un mirador.
Fuente: Castillos del Olvido
Galería:







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