El Castillo de Aunqueospese, también conocido como Castillo de Manqueospese, se encuentra a las afueras de la localidad de Mironcillo, en la provincia de Ávila (Castilla-León). Se alza la fortaleza a 1362 m. de altitud en las estribaciones de la Sierra del Zapatero, asomándose al Valle de Amblés su planta irregular, mimetizada con las rocas donde se asienta.
En
este castillo se combina el sillar, el sillarejo y la mampostería,
distribuidos alternativamente en los dos recintos que lo conforman.
El primer recinto defensivo es una barbacana que se traspasa por una
puerta conopial coronada por el escudo de la familia Dávila bajo
alfiz, abrazado por dos potentes cubos, por donde accedemos al
recinto interior, de mayor altura –la fortaleza en sí-, en el que
se distinguen patio de armas, caballerizas, torre del homenaje, un
ala que contenía salones y cocinas.
Si
bien aparece atestiguada la presencia de un castillo anterior allá
por los siglos XI y XII, ocupado por caballeros de Ávila, expulsados
de la ciudad, debió reformarse hasta tomar el aspecto actual del XV,
que delatan sus troneras de ojo de cerradura invertida, las
troneras-buzón y las airosas escaragüaitas o torrecillas colgadas
del lienzo sobre ménsulas escalonadas.
Según
la Crónica de la Población de Ávila, estos caballeros tuvieron en
esta fortaleza, conocida entonces como castillo de Sotalvo, su centro
de operaciones, desde donde dirigían violentas razzias contra Al
Ándalus. Hubo de ser importante, pues se sabe que los musulmanes lo
atacaron como réplica a las expediciones de castigo y saqueo que se
mandaban desde esta fortaleza.
Un
par de décadas atrás un particular lo compró y comenzó a
restaurarlo, afirmó pisos de madera (y no fue mala idea) pero
levantó algunos tabiques con bovedillas de cemento y cerró algunos
techos con uralita, chapuzas y desmanes que detuvieron la ruina pero
que le valieron por parte de Patrimonio la prohibición de seguir
adelante.
Sin
ningún tipo de ayudas el hombre se cansó y actualmente
Malqueospese, la atalaya del Valle de Amblés, se encuentra
abandonado a una suerte que no quisiera llegar a ver, al tiempo que
algún gracioso le dedica una mediocre pintada en sus ancianas
piedras. Aunque todo esto cabree al amante de estos monumentos, y de
éste, declarado Monumento Histórico-Artístico el 3-VI-1931, aún
podemos subir a sus torres por escaleras de caracol y acceder a
tramos del adarve, aunque puede resultar peligroso y haya que
extremar las precauciones. Todavía sus muros hacen cara a los
elementos y nos traen el eco de las glorias y las miserias que dentro
de él se labraron, las leyendas que saben las abuelas, el amor
imposible de Álvar Dávila y Guiomar de Zúñiga, amores de un
tiempo tal vez real, tal vez soñado.
Fuente: Castillos del Olvido
Galería:










No hay comentarios:
Publicar un comentario