El Castillo de Alcalá la Real, también conocido como Fortaleza de la Mota, es un recinto defensivo situado en el cerro de la Mota, a 1029 m. de altutud, en la ciudad de Alcalá la Real, provincia de Jaén, datado en época nazarí (siglos XIII y XIV), aunque con algunos elementos anteriores.
Alcalá
la Real, situada en el extremo suroccidental de la provincia y
enclavada en las Sierras Subbéticas Orientales, tiene una posición
privilegiada de transición entre las provincias de Jaén, Córdoba y
Granada.
Desde
el Cerro de la Mota, la “montaña de Andalucía”, como se la
llamó en tiempos de los Reyes Católicos, hay una amplia perspectiva
sobre territorio granadino y no es de extrañar el esfuerzo tanto del
reino nazarí para mantener esta avanzada posición estratégica como
el intento permanente de su conquista por parte de los reyes
castellanos para debilitar el poder árabe de Granada.
En
la impresionante Fortaleza de la Mota, apoyada por un cinturón de
atalayas distribuidas por el territorio, se ubicó no sólo uno de
los más complejos sistemas defensivos de al-Andalus, sino también
una modélica ciudad musulmana con alcazaba, zona residencial y área
comercial, completada con un recinto exterior.
El
complejo militar fue tempranamente levantado por los clanes árabes
de los Banu Yahsub y los Banu Sa’id que, desde el siglo VIII, se
instalaron en esta ciudad manteniendo tensas relaciones con Castillo
de Locubín que estaba bajo influencia del reyezuelo árabe de Baeza.
En la alta Edad Media fue nombrada como Qal’at Astalir y Qal’at
Yahsub, sin embargo al alterarse la hegemonía del clan dominante,
cambió su nombre por el de Qal’at Banu Sa’id, recogido en las
crónicas cristianas como Alcalá Benzayde.
El
dominio de los Sa’id, protectores de poetas, literatos, geógrafos
e historiadores, fue particularmente brillante en la historia de
Alcalá. Así, el poeta Hiyari fue el iniciador de una de las obras
cumbres de la historia, la geografía y la literatura de al-Andalus,
“el Magrib”, que formaba parte de una obra más amplia, el Libros
de la Esfera de la Literatura. La Mota era el último gran baluarte
defensivo antes de acceder a Granada, desde Jaén y Córdoba, por lo
que su conquista no fue fácil para Castilla. En 1213, por primera
vez, Alfonso VIII la tomó a los almohades.
Tras
la conquista cristiana de principios del siglo XIII, la preciada
fortaleza de la Mota, volvió a caer en poder árabe hasta que, en
1341 definitivamente la hizo capitular Alfonso XI. Alfonso XI mandó
arrasar la mezquita mayor y levantar en su solar la primera iglesia
Abacial, de estilo gótico-mudéjar, con territorio independiente y
patronato regio, aconsejado por el arzobispo de Toledo, don Gil de
Albornoz. Juan II la ascendió de villa al rango de ciudad y Enrique
IV, agradeciéndole los servicios prestados cuando se rebeló la
nobleza, le concedió el título de “muy noble y leal ciudad”. En
vísperas de la conquista de Granada, los Reyes Católicos declararon
a Alcalá la Real “ciudad muy noble y muy leal, llave, guardia y
defendimiento de los Reyes de Castilla”.
En
el siglo XVI, se construiría parte de la nueva y emblemática
iglesia Mayor y frente a la portada principal de la iglesia el primer
palacio abacial. El declive del complejo urbano de la Mota se inició
en el siglo XVIII, con la puesta en marcha de un programa de
urbanización y repoblación de los llanos de Alcalá la Real,
acompañado de la construcción de conventos, iglesias, servicios y
centros comerciales que precipitaron el despoblamiento del viejo
recinto medieval. La ruina se precipitó en 1812 cuando las tropas de
ocupación napoleónicas incendiaron el conjunto en su retirada. En
1931 la Mota, con su fortaleza y la iglesia abacial, fue declarada
Monumento Nacional y, en 1967, Alcalá la Real fue declarada Conjunto
Histórico Artístico.
El
conjunto data de la segunda mitad del siglo XIII y es obra nazarí,
aunque aprovechó fortificaciones anteriores. Alcalá la Real, en la
Edad Media, se vertebraba en tres recintos fortificados típicos de
la ciudad musulmana, la alcazaba que corona el cerro donde se ubicaba
la ciudad, el alcázar y un recinto exterior que abraza el resto del
caserío. En el lugar más elevado de la Mota se encuentra la
alcazaba donde se concentraban los elementos más significativos de
la estructura defensiva dando lugar a una zona estrictamente militar.
La
Torre del Homenaje, el auténtico bastión del recinto militar, tiene
forma prismática con una altura de veinte metros y un solo piso
rematado por almenas, mientras en su parte baja acogió un aljibe. Su
origen es árabe y se remonta a las épocas califal y almohade. Su
entrada se realiza a través de un pasadizo abovedado en acodo, en el
que el ladrillo alterna con la mampostería y la sillería, por un
majestuoso acceso formado con arcos de herradura dobles, con forma
apuntada los superiores.
El
recinto triangular del alcázar está integrado por un patio de armas
conformado en cada uno de sus ángulos por la torre Mocha, la torre
de la Vela y la torre del Homenaje, y también disponía de un
aljibe. En el lado noroeste, junto a la torre Mocha, aunque en un
lugar más bajo, se encuentra la torre del Pozo que garantizaba el
agua por una mina subterránea.
La Torre de la Vela, situada en la cota más elevada de la fortaleza
aunque de dimensiones más reducidas que las de la torre del
Homenaje, a la que le une un corredor con parapeto que discurre por
el lienzo de murallas, debe su nombre a que en ella, una vez
conquistada por los cristianos, se instaló una campana para avisar
del peligro de incursiones enemigas. Actualmente su interior se ha
habilitado como museo arqueológico y dispone de una colección
numismática.
La Fortaleza de la Mota se reforzó a intervalos por torreones de
mampostería circulares y cuadrados y conserva en algunos tramos el
camino de ronda. Torres como las del Homenaje, de la Cárcel y de la
Vela, cuentan con estancias rectangulares, cubiertas por magníficas
bóvedas esquifadas y de paños sobre trompas.
A
la alcazaba se accedía por la torre-puerta de la Imagen, que debe su
nombre a que presenta una hornacina donde estuvo la imagen de Santa
María. Dispone de entrada en acodo y un arco ojival, impresionante
por sus proporciones. La puerta del Peso de la Harina, situada bajo
la torre del Gabán, con arco de herradura apuntado, garantizaba el
acceso al recinto militar en su parte más elevada.
La
fortaleza militar acoge, en el lado sudeste, un bello edificio, la
iglesia Mayor Abacial, construida entre la primera mitad del siglo
XVI y el primer tercio del siglo XVII, en la que se dan cita cánones
estilísticos que van desde el plateresco de los pies del templo,
hasta el manierismo del cuerpo de la iglesia y de la portada, pasando
por el clasicismo renacentista de la cabecera.
En
una de las zonas más elevadas, en el extremo norte, se encuentran
cuevas naturales que fueron utilizadas como almacenes, bodegas y
lagares, no sólo por los árabes y cristianos, sino también en
épocas anteriores ibéricas y romanas, e incluso, a través de una
de estas cuevas, se abre un pasadizo que comunica con la Torre del
Homenaje.
Fuente: Wikipedia
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