El Castillo de Alburquerque es una fortaleza de finales de la Edad Media que se levanta en un cerro sobre la ciudad pacense de Albuquerque (Extremadura). La fortaleza también es conocida como Castillo de Luna, por uno de sus principales constructores, don Álvaro de Luna, Maestre de la Orden de Santiago y Condestable de Castilla.
El castillo se levanta en lo alto de un risco de la Sierra de San Pedro, dominando sobre la localidad y la comarca de Los Baldíos. Es una de las fortalezas medievales más destacadas de La Raya, pues se encuentra muy cerca de la frontera con Portugal, a medio camino entre Valencia de Alcántara al norte y la ciudad de Badajoz al sur.
El rey Fernando II de León conquistó la zona en 1166 a los musulmanes durante la Reconquista y se la entregó a la Orden de Santiago. Muy pocos años después, en 1184, las tropas almohades retomaron la zona pero en 1217 los cristianos recuperaron de forma definitiva el control del lugar. Inmediatamente después, la localidad fue repoblada por Alfonso Téllez de Meneses con pobladores castellanos y portugueses. Más tarde fueron señores de la villa Alfonso Sánchez, hijo del rey Dionisio I de Portugal, y su esposa Teresa de Meneses, que iniciaron la construcción de las murallas y el castillo en el último cuarto del siglo XIII.
El amplio conjunto de edificaciones que compone el castillo y las numerosas manos y situaciones por las que pasó hacen difícil recomponer todas las reformas y alteraciones que le han conferido la fisonomía con que lo contemplamos hoy. La construcción original corresponde casi sin ninguna duda a los portugueses de Alfonso Sánchez a partir de 1276, que dejaron su impronta en diversos blasones e inscripciones sobre las puertas de Alcántara y Valencia, y en enlescudo de armas de Don Alfonso tallado en alabastro en la Puerta de San Mateo. De este periodo inicial datan la mayor parte de las murallas y la estructura básica del castillo.
En el siglo XIV la plaza perteneció a Juan Alfonso de Alburquerque, válido del rey Pedro I de Castilla, y posteriormente a don Sancho, hermano del rey Enrique de Trastámara, que ostentó el título de conde de Alburquerque desde 1373. En el siglo XV ostentaron el señorío de la localidad los reyes Fernando II de Aragón y Juan II de Castilla, quien mediada la centuria le entregó a su valido Álvaro de Luna, Maestre de la Orden de Santiago y Condestable de Castilla. Entre 1445 y 1453 Álvaro de Luna construyó varias de la spartes más importantes de la fortaleza, como una torre del homenaje y el imponente puente sobre arco ojival que da acceso a sus pisos superiores.
Desde 1465 fue señor de la villa Beltrán de la Cueva, primer Duque de Alburquerque por privilegio del rey Enrique IV, quien mandó construir entre 1465 y 1472 varias estancias palaciegas, nuevas barbacanas defensivas y una torre pentagonal, llamada Torre de las Cinco Puntas, comunicada con la torre del homenaje a través del puente que levantara décadas antes Álvaro de Luna. También en este periodo se levantaron una serie de dependencias parcialmente excavadas en la roca, hoy casi desaparecidas, y algunas barbacanas al sur y oeste, ante la puerta principal.
A comienzos del siglo XVIII, entre 1705 y 1716, la localidad estuvo en poder de Portugal y entonces se añadió una segunda línea de fortificaciones abaluartadas, tipo Vauban, pensadas para resistir el embate de la artillería.
La torre del homenaje, que cuenta con notable amplitud y altura, fue construida con sillería de granito y se distribuye interiormente en cinco crujías o pisos: los dos primeros con bóvedas de ladrillo mediante el sistema de aproximación de hiladas, mientras que los tres superiores son salas abovedadas con acceso desde el puente. Este llamativo paso elevado cuenta con un sólo arco apuntado (ojival) de gran luz, que comunica con la torre a través de un puente levadizo de madera. Otra parte importante del interior del castillo es la iglesia, dedicada a Santa María, templo relativamente pequeño pero de gran interés.
Todas las construcciones que componen el castillo son de buena mampostería, reforzada por abundante sillería en las zonas nobles, esquinas y refuerzos varios. El castillo se yergue como una mole en lo alto del cerro y preside un conjunto defensivo sin igual, aunque en fechas recientes han sido necesarias obras de refuerzo urgentes con hormigón para contener la ruina que amenazaba a la fortaleza.
Fuentes: Wikipedia
castillos.net
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