El Castillo de la Torremocha, o simplemente Castillo de Santorcaz, se encuentra situado en el casco urbano de la población de Santorcaz, en la Comunidad de Madrid.
Ubicado
a 800 metros de altitud sobre un pequeño barranco que confluye al
norte con el arroyo de Anchuelo. El poblamiento en Santorcaz está
documentado desde la época prerromana hasta la Edad Media. En el
llamado Llano de la Horca se han encontrado restos de un poblado
carpetano de entre los siglos IV y II a.C.. Entre los restos
encontrados hay hileras de robustos muros de no más de medio metro
de altura, que hacían las veces de zócalo sobre el que
probablemente se levantarían paredes de adobe para completar los
edificios.
También
en el cerro llamado Cuesta de la Torrecilla, hay restos de una
pequeña fortaleza árabe formada por una torre de planta rectangular
de la que apenas queda más de metro y medio de altura en uno de sus
lados y ángulos. En los alrededores se ha encontrado también
abundante material cerámico árabe.
Sobre
el castillo de Torremocha, se sabe que fue levantado en el último
tercio del siglo XIV por el arzobispo Pedro Tenorio, quien lo
construyó sobre otro castillo anterior del que no se tiene ninguna
referencia documental. Durante los siglos XIV y XV el Arzobispado de
Toledo mando reforzar las edificaciones y las defensas ante los
distintos avatares históricos,de ahí los diferentes tipos de
aparejos que presentan las torres del recinto del castillo de
Torremocha. Durante el gobierno del arzobispo Carrillo (1445-1482),
el castillo, que hasta ese momento había sido residencia palaciega
de arzobispos, se convirtió en Cárcel de Clérigos,
pasando por sus estancias insignes personajes como el Cardenal
Cisneros y la princesa de Éboli entre otros.
El
emplazamiento del castillo de Torremocha no es demasiado adecuado
para un castillo defensivo, ya que no domina todo el valle y no ocupa
una posición estratégica. Sin embargo, pudo ser una fortaleza de
apoyo a la plaza fuerte de Alcalá, encargándose de controlar las
tierras existentes entre ambas.
La
planta del recinto es de forma ovalada, siendo el meridional el único
lado recto. Sus muros están articulados en planos que se adaptan al
borde de la plataforma sobre la que se encuentra. En algunos de sus
ángulos se disponen torres de defensa. Sus dimensiones son de 110
metros de norte a sur y 90 metros de este a oeste. Sus lienzos,
actualmente desmochados, tienen un grosor medio de 1,6 metros.
Se
encuentra en ruina progresiva, aunque se han realizado algunas
restauraciones puntuales, y algunas zonas están integradas en un
parque público Se cree que el castillo fue levantado por los
Templarios, si es de creer que el pueblo tuvo recintos, esta
conjetura puede ser cierta, ya que estos caballeros dotaban a sus
construcciones militares de un triple recinto. Esto acontecía
después de la conquista de Madrid por Alfonso VI, en 1085. Después,
al desaparecer la Orden, paso a la Mitra de Toledo, que lo habilito
lo mismo para cárcel que para almacén.
Varios
autores mencionan que por sus muros y calabozos sufrieron presidio
figuras celebres como el Cardenal Cisneros, la princesa de Éboli,
trasladada aquí desde el castillo de Pinto, Francisco I, Don Juan de
Luna, además de varios canónigos de Toledo.
En
el siglo XVIII se dice que se conserva un gran recinto de muralla a
poniente, con dos puertas y tres torres, dentro de la cual esta el
palacio arzobispal, o como decían antiguamente, la horrorosa cárcel
de Santorcaz. La muralla y el palacio se mantiene a expensas de los
prelados toledanos, señores de la villa y de la fortaleza. Así,
están embutidos en la fabrica diversos escudos de armas, según la
diferencia de señores que la repararon.
Fuente: Castillos del Olvido
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