El Castillo de Fuentidueña de Tajo, también llamado Castillo de los Piquillos, se encuentra situado en las cercanías de la población de Fuentidueña de Tajo, en la Comunidad de Madrid.
Las
ruinas de este castillo se encuentran al final de una meseta,
teniendo a sus pies el pueblo y la llanura del valle del Tajo. Esta
protegido por un barranco al oeste y foso excavado en la roca por el
norte. Se adapta al terreno, aunque forma un rectángulo cuyos lados
menores son el norte y el sur. Esta casi derruido, fue volado en la
guerra de la Independencia. Después se hizo en su solar el deposito
de agua del pueblo por ser el lugar mas alto.
Estuvo
rodeado por la parte norte por una barbacana de la que queda una
torrecilla semicircular delante del foso excavado con dos niveles al
menos. Quedan restos de la torre del Homenaje o de Los Piquillos,
obra de tapial y sillarejo en la que en su cara norte tiene dos
garitones decorativos. Tiene restos de ocho torres, de planta
cuadrada, excepto las dos del lado norte, que son circulares con
restos de barbacana en alginas de ellas. Se aprecia un foso interior
con restos de un muro divisorio entre la Torre del Homenaje y el
resto del castillo. Sus ruinas forman un gran recinto y dominan el
amplio valle del Tajo destacándose su silueta en lo alto del cerro.
Surge
Fuentidueña como población nueva cristiana que se alzara frente al
antiguo emplazamiento árabe del castillo de Alarilla, al otro lado
del Tajo, pasando su población desde este ultimo a la nueva puebla.
Con los almorávides a partir de 1118 en que son expulsados de Alcalá
de Henares al otro lado del Tajo se vera la conveniencia de edificar
un castillo en esta zona mirando al sur para prever un nuevo ataque,
ya que los almorávides retuvieron la base importantísima del
castillo de Oreja hasta el año 1139 en que, tras largo asedio, pudo
ser tomada por Alfonso VII.
Se
tiene documentación de que el el año 1153 el Rey Alfonso hizo las
primeras concesiones de esta zona, donando el castillo de Alboer al
conde Don Ponce, castillo situado frente a Fuentidueña y un año
después Villafandin, que lo cede a Gonzalo Aguacil, poblando
Alarilla, formando un albergue junto al vado del Tajo, organizando la
explotación de las salinas de Belinchón, repoblando Torrique y
Ocaña. Encargó la defensa de Fuentidueña a la Orden de Santiago,
junto a la mayoría de las poblaciones de ambas márgenes del Tajo.
En este castillo, en 1204, hizo testamento Alfonso VII, siendo
habitado después por Alfonso X durante algún tiempo. En el siglo XV
paso Don Álvaro de Luna, como Comendador de la Orden de Santiago.
En
las relaciones de Felipe II se cita: Hoy una fortaleza de cientos de
tiros viejos, propiedad del Rey y provisión de Alcaide pertenece al
Comendador Mayor de Castilla, que le paga 25.000 maravedís u ocho
ducados. El alcaide se beneficia con una tierra de secano y un
huertecillo cercanos al castillo. Todo de poco valor; escasamente
supondrá un ingreso de dos ducados al año al referido beneficio.
Este
castillo estuvo vinculado históricamente con la orden militar de la
Encomienda Mayor de Castilla de la Orden de Santiago, razón por la
cual también es conocido como castillo de Santiago. Otras
denominaciones son Torre de Doña Urraca y Torre de Los Piquillos, en
referencia a la torre del homenaje, uno de los elementos de la
fortaleza que mejor se conservan. Aquí estuvo recluida Doña Urraca,
la mujer de Alfonso I el Batallador, que, según la leyenda, por las
noches pasaba a través de los pasadizos a visitar a los moriscos.
También estuvo prisionero el adelantado Pedro Manrique, por orden de
Juan II.
En
1474, don Gabriel Manrique, conde de Osorno y comendador Mayor de
Castilla, hizo prisionero y confinó en el castillo de Fuentidueña a
don Diego López Pacheco, segundo marqués de Villena, en las pugnas
que ambos mantenían por la obtención del Maestrazgo de Santiago a
la muerte del padre de don Diego, don Juan de Pacheco, primer marqués
de Villena.
Fuente: Castillos del Olvido
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