Las Murallas de Cocentaina, o mejor dicho sus restos actuales, se encuentran en el mismo casco urbano y cercanas al Palau Comtal de la familia Corella, condes de Cocentaina, de la ciudad homónima de la provincia de Alicante (Comunidad Valenciana).
Bajo
la férrea mano del almirante calabrés Roger de Lauria y de sus
descendientes, la villa de Cocentaina adquirirá buena parte de los
principales referentes constructivos necesarios para su desarrollo
como una ciudad medieval de la época. Sin embargo, antes de su
llegada lo que existía era una Cocentaina dispuesta en la ladera
oriental del Cerro de San Cristóbal, abarcando una superficie
urbanizada de unas 5 hectáreas de extensión y situada sobre parte
de la antigua “Qustantiniya” andalusí.
Algunos
estudios apuntan a que la célula original de la medina islámica se
hallaba en la cercana alquería de Atech (Navarro Reig, 1987), cuya
mención desaparece de la toponimia tras los primeros repartimientos
de tierras en la época cristiana y que también parece apoyar el
registro arqueológico con la abundante aparición de materiales
cerámicos (Carratalá Ferrer, 2009) y algún hallazgo numismático
temprano (Torró i Abad, 1992), que permitirían plantear la
existencia de un asentamiento islámico ocupando el cerro del castillo y el llano perimetral entre los siglos X y primera mitad del siglo
XIII.
Gracias
al registro documental del archivo contestano, sabemos que durante la
horquilla cronológica comprendida entre los años 1.269 a 1.275, la
vila contaba con un recinto amurallado prácticamente concluido
gracias a la exención del pago de la primera contribución de la
“peyta”, que fue destinada para amurallar convenientemente la
vila (Ferragud Domingo, 2003), construir los principales portales de
acceso, realizándose también la apertura del foso disuasorio que
tenía que circundarla para su protección encargado a un tal Guillem
Montbardon (Domenech Faus, 2003).
Las
huellas del recinto amurallado y su trama urbana se conservan casi
intactas pudiendo reconstruirse el trazado completo del recinto
medieval con la disposición de sus 8 torres defensivas en saliente,
como las de Fraga, Torreta, Santo Tomás o las tres defensas que
perimetran el Palau Comtal; las huellas de los portales de l´Ángel,
Sant Jaume o Nou, y Fosch, o los largos lienzos de muralla levantada
en tapial de mampostería en las que aún se conservan aspilleras y
otras aperturas defensivas. Las pruebas arqueológicas obtenidas son
escasas por no decir nulas, y su cronología está sostenida por la
manifiesta construcción ex-novo que la documentación medieval nos
ha mostrado.
Sin
embargo, en algún trabajo reciente se apunta la posible existencia
de fragmentos del lienzo de muralla, de adscripción islámica, que
se encuentran en la zona oeste del Palau, y que podría defender el
espacio existente entre una posible residencia del gobernador
almohade y la mezquita islámica situada junto al Viver de Dalt, que
fue posteriormente derribada cuando se levanta la iglesia cristiana
de Santa María en el siglo XIII. Prueba de todo esto parece ser la
existencia de varios muros de tapial que, por sus medidas y
orientación, no guardan ninguna relación con el trazado del alcázer
medieval (Catalá Ferrer, 2009), lo que lleva a plantear que sean
anteriores y pertenecientes a un recinto amurallado anterior a la
conquista cristiana, presumiblemente islámico.
También
sabemos que disponía de taberna, alhóndiga e incluso de un burdel,
además de un espacio público en la plaza de la vila, donde se
encontraba la iglesia , así como una carnicería y una almazara de
aceite, con algunos hornos, varios molinos y talleres. También se
hallaba un “fossar” o necrópolis cristiana en el antiguo “Pasaje
del Fossar”, que ahora es la actual calle de Sant Hipólit y que
sitúa el área cementerial en los alrededores de la iglesia de Santa
María (Domenech Faus, 2003). Junto a la vila murada, se dispondría
el “raval”, de unas 7 hectáreas de extensión, situado al
sudoeste y separada de ésta por un barranco donde se acogería a la
población musulmana desde momentos anteriores al año 1.260 (Navarro
Reig, 1987).
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