Las Murallas de Madrigal de las Altas Torres se encuentran situadas en la localidad del mismo nombre en la provincia de Ávila (Castilla-León).
La
muralla es una soberbia construcción románico-mudéjar de carácter
militar, que de conservarse completa competiría en grandeza con la
de Ávila. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico el 3 de
junio de 1931. También es oscuro su origen. Parece que entre los
siglos XI y XII se levantó una primera cerca ante la amenaza
almorávide. Una segunda se levantaría en tiempos de Sancho III, a
mediados del siglo XII, con motivo de las disputas entre los reinos
de Castilla y León y la invasión almohade.
La
actual se inició durante el reinado de Alfonso VIII (1158-1214) y
debió continuar durante todo el siglo XIII fundiéndose lo románico,
lo gótico inicial y lo mudéjar. Para comienzos del siglo XIV debió
estar terminada, pues Fernando IV manda derribarla como castigo por
el proceso de emancipación de Madrigal con respecto a Arévalo,
acción que obviamente no llegó a realizarse, posiblemente por
encontrarse numerosas viviendas adosadas a sus muros.
La
forma de la muralla de Madrigal es un enorme óvalo irregular y
alargado de este a oeste, con trazos curvos y rodeando una superficie
aproximada de 390.400 m2, similar al espacio amurallado de la ciudad
de Ávila. Tenía entre 60 y 80 torreones, sin incluir las que forman
las puertas. Del destrozo secular sólo perviven 23. Estos torreones
son cuadrados y sobresalientes respecto al lienzo de la muralla.
La
longitud de la muralla estaría cercana a 2.300 metros. Su espesor
tiene una media de 1,5 metros, pero para mayor refuerzo disponía de
una barbacana exterior y en medio un foso, lo que hacía al conjunto
inexpugnable. Su material básico es tapial de tierra apisonada y
piedra de río encintado de ladrillo. Tenía cinco castillos
pentagonales e irregulares para cada puerta. Actualmente sólo tiene
cuatro abiertas en los lienzos en dirección a otras tantas
poblaciones importantes: Medina al norte, Arévalo al este, Peñaranda
al sur y Cantalapiedra al oeste, además del Portón de Mamblas. El
tramo mejor conservado es el meridional, y la puerta más
espectacular, aunque con un sinfín de malas restauraciones es la
Puerta de Cantalapiedra.
La
Puerta de Arévalo es de las más «fuertes» del recinto, al
ser sus torres macizas hasta el adarve, con sala con ventanas. De
esta puerta a la de Medina, pocos cubos quedan.
La
propia Puerta de Medina consta de arco de entrada y torre
poligonal. El tramo hasta llegar a la Puerta de Cantalapiedra tiene
algún cubo pentagonal, lo demás ha sido derribado.
La
Puerta de Cantalapiedra, a pesar de las reformas, es la más
espectacular con dos torres de diferente altura, una de planta
pentagonal de gran tamaño y la otra cuadrada, que rodean el ingreso
ojival. La torre pentagonal tiene un cuerpo inferior macizo y luego
dos vanos ojivales de grandes dimensiones, vista desde el interior.
Desde
la Puerta de Cantalapiedra a la de Peñaranda se inicia un tramo en
buen estado en el que quedan diez torre cuadradas y una pentagonal.
Por último desde la Puerta
de Peñaranda a
la de Arévalo, quedan los seis cubos cuadrados que existieron
originalmente, siendo el tramo mejor conservado.
Fuente: Castillos del Olvido
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