El Castillo de Lara de los Infantes, o simplemente Fortaleza de Lara, se encuentra situado en el término municipal de la localidad de Lara de los Infantes en la provincia de Burgos (Castilla-León).
Siguiendo
la carretera de Burgos a Salas, en el trayecto de Mazariegos a
Hortigüela, se hacen fácilmente visibles a la izquierda a través
de los cortados ribazos que ciñen el camino, los erguidos y míseros
restos de la antigua fortaleza de Lara, coronando un dilatado y
desnudo páramo que resguarda a sus pies el humilde caserío de Santa
María de las Villas, de cierta notoriedad en el momento actual por
la rica ornamentación de su arcaica ermita.
La
localidad de Lara de los Infantes, se inserta dentro de la histórica
zona conocida como “Tierras de Lara”. Los importantes restos de
épocas pasadas encontrados en sus alrededores hacen pensar en este
lugar como un destacado punto neurálgico en el territorio. En lo
alto de la Sierra de Peñalara hay un castro de la Edad de Hierro,
defendido con doble muralla, y en el mismo espigón rocoso se han
encontrado vestigios de otra población. Asimismo, son numerosos los
restos romanos hallados y existe una calzada que transcurre próxima
a este municipio.
Se
cree que Lara de los Infantes fue fundada en el año 902. Su
fortaleza ya existía en tiempos de Fernán González, convirtiéndose
en un hito fundamental para la historia del territorio castellano.
Dicho personaje fue nombrado conde de Castilla en el año 932, y, a
partir de ese momento, logró articular institucional y políticamente
un vasto territorio que incluyó las provincias de Burgos, Vizcaya, y
parte de Álava, Guipúzcoa, Cantabria, La Rioja, Palencia y Soria.
También
cabe señalar su arrojo guerrero contra los musulmanes, en especial,
contra Abderramán III. Este castillo estuvo en manos de la
prestigiosa casa de los Lara. Las constantes disputas entre la
realeza y los nobles durante el siglo XIII provocaron que esta
construcción estuviera en algunos momentos en manos de la corona y
en otros en manos de esta familia. En el siglo XV, los Cartagena
pasaron a detentar la alcaidía de Lara, pero con la llegada de los
Reyes Católicos, este cargo recayó en los corregidores de Burgos,
cuyo concejo ostentaba el señorío sobre la villa de Lara desde
1255.
A
principios del siglo XVI, las noticias que se tienen acerca del
castillo indican que éste ya se encontraba en ruinas. La fortaleza,
en estado de evidente ruina, se alza en un extremo del denominado
Picón de Lara, elemento distintivo sobre la comarca de Tierras de
Lara. En dicho emplazamiento todavía quedan restos de la cerca
asentada directamente sobre la roca; tras ella, se puede apreciar el
foso. El único paramento conservado pertenece, probablemente, al del
oeste de la torre del homenaje, construida con granito y cal forrados
con excelente sillarejo. Al norte se aprecian restos de una
construcción abovedada de apariencia muy posterior, realizada en
piedra y ladrillo.
El
castillo de Lara de los Infantes experimentó diversas reparaciones a
lo largo de los siglos. Gracias a las diferentes noticias sobre estas
intervenciones, es posible conocer algunos datos sobre su aspecto en
el pasado. La fortaleza estaba compuesta por seis torres, más la del
homenaje, que contaba con cuatro pisos. Asimismo, existía un puente
desde las murallas exteriores a la puerta de la torre. A finales del
siglo XVI, y gracias a un informe elaborado por el maestro Pedro de
Castañeda, se sabe que el lugar estaba en un estado ruinoso, que
requería de una inmediata reparación.
Sobre
una encumbrada roca, con emplazamiento a más de mil metros de
altura, se hallan situados los erguidos despojos de su primitivo
castro romano, que ha intervenido muy eficazmente, y durante varias
centurias, en la historia más íntima de Castilla. En sus belicosas
jornadas, ya al principio de la Reconquista nacional, en tiempos de
Alfonso I, y de su hermano. D. Fruela, fue demolido, y tuvo que ser
restaurado en diversas ocasiones, incluso al ser ocupado por las
aguerridas huestes del Conde Fermín González. La importancia que ha
tenido este antiguo baluarte en la historia burgalesa, ha influido
para que sea uno de los cinco castillos que ornamentan el escudo de
armas de la ciudad.
Estos
Campos de Epopeya, que al amparo de la Peña de Lara desenvolvieron
su vida histórica, pasaron del dominio musulmán al cristiano en la
segunda mitad del siglo IX, en los días de Alfonso III (866-910):
teatro ostentoso de las hazañas del buen Conde Fernán González, el
nombre y soberanía de la comarca, con dignidad condal quedó
vinculado en la gigantesca personalidad del campeón castellano.
Amenazado en todo momento por las correrías musulmanas, el Condado
de Lara, no vio su seguridad garantida hasta la muerte del terrible
Almanzor en el año 1002.
A
estos años tan alejados de nosotros, corresponde sin duda el ciclo
heroico de la fortaleza, mas las fuentes históricas contemporáneas
poco explícitas, guardan la más profunda reserva acerca del papel
desempeñado en la vida militar y social del naciente estado. Con el
alejamiento de las fronteras hacia el Sur, coincide el nacimiento del
reino castellano y el cambio de fisonomía bélica del castillo de
Lara. Desde Fernando I (1037-1065) la tierra de Lara es una de tantas
demarcaciones de la joven monarquía, regida por nobles de alta
significación, frecuentemente hostiles, sino a la personalidad a la
política centralizadora y absolutista de los monarcas, en todo
momento opuesta a los intereses de clase de la nobleza.
Unida
a los destinos de la ambición nobiliaria señala un segundo período
en su existencia que no finaliza hasta que los reyes la ponen en;
manos del Concejo de Burgos. En el siglo XI después de Guttiarre
Galerice, vemos al magnífico señor Gonzalo Muñoz, dominar en los
últimos arios de la centuria en Lara, Carazo, Huerta de Rey y Osma;
hermana del Conde fue al decir del P. Sota aquella Ximena Muñoz que
fue amiga de Alfonso VI y que hubiera llegado a ser su esposa si el
Pontífice, atendiendo a los grados de parentesco no lo hubiera
impedido.
Fuente: Castillos del Olvido
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