viernes, 3 de enero de 2020

Murallas de Carlos III (Cartagena, Murcia)


Las Murallas de Carlos III se encuentran situadas en la ciudad departamental de Cartagena en la Región de Murcia.

El trazado amurallado de la Cartagena del siglo XVIII se extendió delimitando el recinto urbano y su Arsenal por un circuito de casi 5 km. de longitud. Se trata de una fortificación abaluartada cuya planta fue irregular al adaptarse a la extensión de la ciudad de la época y a algunos accidentes geográficos. La muralla englobaba la ciudad del Setecientos, cercando las cinco colinas y el Barrio de San Roque. En la actualidad se conserva buena parte de ella, si exceptuamos algunos tramos soterrados en el frente norte,que fue la zona de expansión urbana durante el siglo XX.

Los más fácilmente visitables desde el propio casco urbano son los lienzos y baluartes del frente marítimo, en el Paseo del Muelle, y el frente del Batel, en la cuesta homónima, además del frente de Benipila, que transcurre sobre el malecón de la rambla. El mejor estado de conservación se puede contemplar en el frente del Hospital (por el Hospital de Marina, hoy Universidad Politécnica de Cartagena), en el área marítima, donde quedó fosilizada desde su construcción. 

Esta muralla es llamada de Carlos III porque fue durante el reinado de aquel Borbón cuando se realizó su construcción. Fue levantada durante el último tercio del siglo XVIII, y progresivamente dejó de tener validez militar hacia los últimos años del siglo XIX. Se trató básicamente de una serie de extensos frentes abaluartados, unidos entre sí, que se flanqueaban unos a otros.

A lo largo del siglo XVIII se sucedieron una serie de proyectos y obras que dieron a Cartagena un completo sistema defensivo, compuesto por un despliegue de baterías en su bocana, fuertes abaluartados coronando sus principales alturas exteriores, y una muralla que incluyó todo el trazado urbano. Las obras concluyeron a finales del siglo XVIII. La circunstancia de que la ciudad era una plaza militar inexpugnable se tradujo, en el tormentoso siglo XIX, en el protagonismo que tuvo en diversos pronunciamientos y sublevaciones, lo que se traduciría en varios sitios formales, incluido el último entre 1873 y 1874 con motivo de la Guerra del Cantón. 

La fortificación fue quedando progresivamente desfasada a lo largo del siglo XIX. A finales de la centuria las autoridades militares fueron dando algunos permisos para abrir portillos en el frente del Almarjal, lo que se tradujo en una serie de importantes derribos, que buscaban suelo construible en una ciudad siempre objeto la especulación urbana. Si bien se pensaba muy destruido, algunos hallazgos arqueológicos han puesto de relieve el buen estado de conservación de estos tramos del norte de la plaza. 

Básicamente, toda la construcción respondía a un modelo homogéneo, que se puede inscribir en la Escuela Española de Fortificación Abaluartada. En líneas generales, la obra presenta un alzado taluzado construido con sillares de piedra trabados con argamasa de cal. Los paramentos acaban formando un cordón semicircular que recorre toda la muralla, sobre el que se sitúan los merlones o la barbeta que protegía a los sirvientes de las piezas de artillería. Éstos, dependiendo del lugar, podían estar rematados de ladrillo o bien ser de mampostería de piedra. Toda esta estructura lo que hacía era sostener la masa de tierra apisonada que quedaba en su interior, formando un muro eficaz contra la artillería enemiga. Con determinados intervalos el amurallamiento quedó flanqueado por una veintena de baluartes. 

Fuentes: Wikipedia
               regmurcia.com

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