La Torre del Obispo, también llamada Torre Vieja de Alguazas, es un edificio que se encuentra localizado en la población de Alguazas, en la Región de Murcia.
Aunque la torre está puesta en valor, bien cuidada y es visitable, no se ha realizado en sus inmediaciones una prospección arqueológica a conciencia que pueda establecer con seguridad sus orígenes. Como poco, el torreón se levantó en el siglo XIV pero es posible que se iniciara su construcción en el siglo XII. Así encontramos una gran fortificación gótica de planta cuadrada con sólidos y gruesos muros de tapial de argamasa.
Muchas de las historias que se cuentan sobre esta torre tienen que ver con el clero. Hay que apuntar que la Diócesis de Cartagena ejerció el señorío y dominio de las tierras de Alguazas, y al parecer, los mitrados cartageneros pasaban sus vacaciones estivales en la torre, al fresco de la huerta y el río, lejos de los "calores capitalinos".
El
lugar elegido para la construcción de la torre no fue casual, pues
se sitúa en un estratégico lugar que domina la confluencia de los
ríos Mula y Segura, y controla los ricos y extensos campos de
regadío situados en su amplio entorno. Las obras finalizarían
posiblemente bajo el obispado de don
Alonso
de Vargas, a mediados del siglo XIV. La Diócesis de Cartagena, como
señor del lugar, obtuvo entonces un excepcional símbolo de poder
sobre los territorios cuya jurisdicción poseía, y sobre los
habitantes sujetos a ella, quienes contaron entonces con un elemento
defensivo donde tener refugio en caso de ataque.
Precisamente,
por todo ello, la fortificación entró a formar parte de diferentes
hechos bélicos que se dan en su entorno, obteniendo así su justo
protagonismo. Su nombre aparece en las más importantes disputas
violentas que se iban a dar en el reino de Murcia durante el siglo
XV: a comienzos del siglo se vio envuelta en la lucha civil por el
poder en el territorio murciano entre Manueles y Fajardos, las dos
importantes familias que representaban la vieja y la nueva nobleza. E
igualmente surgen noticias en otra disputa civil entre los propios
Fajardos, reflejo de la confrontación interna en el resto de
Castilla, cuando las tropas del mítico alcaide de Lorca, Alfonso
Fajardo el Bravo, y Rodrigo Manrique, intentaron saquear Alguazas en
1448, aunque no lo lograron. Y poco habría de durar la tranquilidad,
pues aprovechando las luchas intestinas entre los castellanos, las
tropas del emir granadino
Muhammad
XI le pusieron sitio dos años después, aunque la inexpugnabilidad de la
fortaleza mostró de nuevo su grado, y el monarca musulmán hubo de
contentarse con el saqueo y quema de la aldea, así como la captura
de sus habitantes.
La
progresiva pacificación del territorio, durante los últimos
decenios del siglo XV, y los comienzos del
XVI,
llevaron
a una gradual pérdida de importancia bélica de la fortificación.
Otras maneras de ejercer el poder se fueron imponiendo durante aquel
último siglo, y los obispados no fueron ajenos. Por eso, a mediados
de esta centuria, la torre se erguía aún sobre el señorío
eclesiástico, aunque su alcaide residía ya en la población.
En
el siglo XVII se utilizaron los ladrillos de la torre para
reconstruir un molino harinero y permaneció completamente abandonada
hasta que sufrió una serie de importantes obras a finales del siglo
XIX, tras pasar a manos privadas y convertirse en casa de labranza. A
finales del siglo XX se pensó en acondicionar la fortificación como
edificio municipal, por ello fue restaurada y se le adosó en la
parte superior un lucernario y una cubierta a cuatro aguas. Hoy,
gracias a la intervención museográfica del siglo XXI, alberga un
centro que cuenta su historia, además de la Oficina de
Información Turística de Alguazas.
La
torre presenta una planta cuadrangular, de unos 18 m.
de
lado, con unos alzados conservados claramente incompletos (menos de
10 m. de
altura). Los muros están construidos con un sólido tapial costreado
por fuera, que muestra hoy los mechinales horadando regularmente
parte de los lienzos, y revelando cuál fue la técnica constructiva
de los alarifes. A pesar de la calidad de la obra, la fortificación
ha sido muy transformada, especialmente en los dos últimos siglos, y
tiene hoy una serie de vanos abiertos que no corresponden con la obra
original, que había de estar dotada de aspilleras (hoy cegadas en
parte) y matacanes. El terrado, que estaría situado algunos metros
por encima del contemporáneo, se tuvo que rematar con almenas, que
completarían el despliegue tecnológico con que se dotó la
fortificación medieval.
A
su interior se accedería a través de una sola puerta que quizá se
situaba donde hoy está la actual del lienzo norte. Dentro de la
torre se conservan dos alturas articuladas en torno a un patio
central de planta cuadrada (6 metros y medio de lado), aunque su
aspecto original se encuentra muy alterado. No obstante, las
estancias de ambos pisos hubieron de estar cubiertas por bóvedas de
crucería nervadas con ladrillo. La comunicación entre las
diferentes alturas se efectuaba a través de varias escaleras hoy
desaparecidas, sustituidas actualmente por otra de construcción
posterior.
Fuentes: Wikipedia
regmurcia.com
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