El Castillo de Tirieza está localizado en el término municipal de la ciudad de Lorca, en la Región de Murcia.
Las
ruinas de esta fortaleza se encuentran situadas en la pedanía
lorquina de Fontanares, a unos 25 km al noroeste de Lorca y a unos 10
km al noreste de Vélez Rubio. El castillo estuvo enclavado en una de
las estribaciones meridionales de la sierra del Gigante, en un puntal
rocoso que se yergue 911 m sobre el nivel del mar. Este cabezo, sin
ser el más alto de los alrededores, se alza en una situación
estratégica desde la que se controla muy buena parte de la vega del
río Cornejos.
Existe,
desde las atalayas de la antigua fortaleza, un perfecto ensamblaje
visual con los castillos de Puentes, hacia el este, con Velez Blanco
y Vélez Rubio por el oeste, y hacia el sur con el Castillo de
Xiquena. A la fortaleza de Tirieza se puede llegar desde Lorca, por
la carretera autonómica local que conduce a Vélez Rubio a través
de La Parroquia, Xiquena y Tirieza. A unos 30 km de la ciudad parten
hacia la derecha dos pistas de tierra que arrancan con dirección
norte que nos llevarán hasta un cortijo situado a los pies del cerro
donde se encuentra el castillo. Aquí la subida será necesariamente
a pie, en un ascenso difícil y escarpado de unos 400 m.
Se trata de una fortificación de origen islámico que daría protección y cobertura administrativa a una alquería nacida gracias a la existencia de fuentes y manantiales de agua que favorecieron la aparición de actividades agropecuarias. Con la incorporación del reino de Murcia a la corona de Castilla, la fortaleza quedó en una banda fronteriza que pasó a manos cristianas y musulmanas en algunas ocasiones.
Según Alonso Navarro, la fortaleza fue denominada en época islámica "Tiriatsa", o "lugar ameno con muchas fuentes". Así pues, su fundación habría que remontarla a una fecha indetermiada, quizá hacia los siglos XI y XII, cuando la comunidad rural dedicada a las labores agropecuarias gracias a los nacimientos de agua cercanos, requirió de elementos defensivos para su protección. Esto, unido a la necesidad del Estado de dar cobertura administrativa a este tipo de alquerías, daría lugar a la construcción de la primitiva fortaleza de Tirieza. Se trataría, por tanto, de un hisn, o castillo rural, con numerosos exponentes en el resto del antiguo Reino de Murcia.
La
incorporación del reino a la Corona de Castilla a mediados del siglo
XIII dejó a la fortificación, así como al vecino Castillo de
Xiquena, en un complicado lugar inserto en una banda fronteriza con
el reino islámico de Granada. No sólo era la estrategia política
de la zona, sino que el lugar era un importante punto de control de
los recursos hídricos, siempre tan deficitarios en los campos
lorquinos.
Ambas
fortalezas se convirtieron en la vanguardia nazarí frente al reino
de Murcia hasta que, en 1433, y gracias a los importantes avances
territoriales conseguidos por las huestes del adelantado Alonso Yáñez
Fajardo, ambos castillos fueron incorporados al territorio
castellano. Aquel mismo año una cabalgada granadina arrasó la
fortaleza de Tirieza, que quedó definitivamente abandonada en favor
de la de Xiquena.
Estudiada
detenidamente por Manzano Martínez hace unos años, la fortaleza de
Tirieza aparece dividida en dos espacios diferentes, que configuran
una serie de estructuras defensivas muy interesantes. El recinto
superior está situado en la zona más alta e inexpugnable del cerro
donde se enclava la fortificación. Su planta es ligeramente
triangular, delimitada por un potente muro de tapial de mampostería
trabada con argamasa de cal que se abrió, hacia el recinto inferior,
a través de un paso acodado.
El
espacio inferior es un amplio recinto adosado al este del anterior.
Tiene una planta poligonal cuya superficie representa unos tres
cuartos del total de la fortaleza. El perímetro se encuentra
delimitado por los restos de una muralla de fuerte tapial cuyo grosor
llega, en algunos casos, a casi el metro de espesor.
El
lienzo septentrional conserva aún alzados de dos torreones
rectangulares de los que jalonaron los muros para flanquearlos. En su
interior, el arqueólogo citado detectó los restos de lo que
pudieron ser las dependencias destinadas a servir a los habitantes
del castillo. Entre éstos destaca un aljibe situado justo en la cara
interna de la muralla meridional.
En
el sector oriental de la fortaleza emerge su elemento más
característico: una torre de planta pentagonal que conserva buena
parte de su alzado (unos 10 m de altura) distribuido en dos cuerpos
diferentes. Sus caras presentan una anchura irregular situada en
torno a los dos metros, así como una interesante decoración
vegetal, quizá pétalos de rosa.
Fuentes: Wikipedia
regmurcia.com
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