El Poblado Fortificado de Castellar de Meca, cuya época corresponde al ibérico (siglos V-II a.C.), y también al bronce, romano, islámico y medieval, se encuentra localizado en el término municipal de la localidad de Ayora, en la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes de la provincia de Valencia (Comunidad Valenciana), sobre un largo cerro denominado Mugrón de Meca (Sierra del Mugrón), dentro de la finca denominada "Casas de Meca).
Este
yacimiento muestra evidencias de ocupación desde la Edad del Bronce
(Siglo VI a.C.), a los íberos (Siglo VI a.C. a Siglo III a.C.), a
los romanos (Siglo II a Siglo I a.C.) y hasta la Edad Media (Siglo
XII). Las ruinas se consideran pertenecientes a un poblado ibérico
ocupando aproximadamente 15 hectáreas. A simple vista se pueden ver
sus antiguas murallas que servían de defensa a esta población, pero
además por las características del terreno, estas también forman
parte de una fortaleza natural, situándose a unos 1218 metros de
altura sobre el nivel del mar en su punto más elevado.
Se
encuentra en una meseta del monte, con un único acceso, y por el que
posiblemente los íberos trazaron un camino, el llamado Camino
Hondo (que hoy aún conserva importantes vestigios de las huella
dejadas por las ruedas de los carros, y pequeñas cavidades, donde
ponían el pie las bestias que transportaban sus cargas), que unía
la ciudad-fortaleza con el llano. De esta época íbera son también
los restos de casas excavadas en la roca así como los abundantes
aljibes.
La
ciudad ibérica desapareció con la conquista de los romanos, aunque
la influencia ibérica se mantuvo durante un tiempo. En la zona
occidental se observan restos de una torre romana, no hay constancia
de que hubiera elementos arquitectónicos, aunque sí se hallaron
sillares de varios tamaños bien labrados. La población fue
creciendo y extendiéndose por las laderas, sobre el camino íbero
inutilizado, construyéndose habitaciones medievales rectangulares.
Se sabe que en el siglo XV la ciudad estaba desierta, lo cual puede
deberse al brote de peste negra que sufrió la zona a mediados del
siglo XIV.
La
planta del yacimiento tiene unas 15 Ha.,
con una extensión de unos 800 m. en dirección este-oeste. Murallas ciclópeas,
numerosas cisternas y casas talladas en la roca. Cerámicas ibéricas, romanas e islámicas. El denominado Camino Hondo, con una pendiente del 30 %
constituye una asombrosa obra de ingeniería prerromana.
En el último tramo, la roca está excavada 4,30 m. con una anchura
de 1,93-2,15 m. Para superar la pendiente se alargó el recorrido y
obligó a realizar una cerrada curva para cambiar el sentido del
camino hacia el centro de la ciudad. El suelo, sobre roca viva,
presenta profundas rodaderas como consecuencia del paso de las ruedas
de los carros durante 1500 años.
En
los laterales se aprecian unas hendiduras en la piedra que,
presumiblemente, servirían para introducir trancas de madera y
sujetar así las ruedas evitando el deslizamiento por la pendiente.
En la meseta se pueden observar habitaciones excavadas en la roca, escaleras,
y numerosos depósitos (más de 100), el mayor llamado "El
Trinquete" de 29 x 5 m., con una profundidad estimada de 14 m.
(más de 2000 metros cúbicos de agua). No todos los depósitos
serían aljibes,
ya que algunos pudieron ser utilizados como graneros
o
almacenes.
Existen
restos de muros de difícil datación, ya que el poblado estuvo
habitado hasta época medieval (posiblemente entre los siglos
XIII-XIV). Al oeste de la denominada "Cueva del Rey Moro"
se encuentra la fuente, con su caño original que ha sufrido una
modificación, y en la que se aprecian unas escaleras excavadas de
época ibérica, y algo más abajo, el aljibe.
Las
características del poblado sugieren que éste sería un gran
almacén de productos agropecuarios que explicaría el camino de
acceso para facilitar su transporte desde el llano. La construcción
del camino y de los sistemas de almacenaje requiere de una clase
dirigente con capacidad de organizar recursos y gestionarlos de forma
eficaz. En épocas de depresión por malas cosechas o crisis,
la defensa del lugar y sus recursos excedentarios
almacenados
en periodos de bonanza, sería fundamental.
Estas
clases ibéricas dirigentes y un sistema económico bien organizado
serían la base del desarrollo de la cultura ibérica desde el siglo
V al siglo III a.C., con su capacidad de crear monumentos funerarios,
ricas necrópolis,
santuarios y esculturas, característicos de la zona. El Castellar de
Meca sería un importante centro económico del que únicamente queda
su esqueleto impreso en piedra. La excavación científica de la
ciudad pondría de manifiesto, sin duda, que estamos ante una de las
principales ciudades ibéricas de la Península Ibérica. En la
actualidad este yacimiento arqueológico es de propiedad privada. Los
días de visita son los domingos de 9 a 14h.
Fuentes: Wikipedia
castillosricsol.org
Ayto. de Ayora (Valencia)
Foto: Julio Asunción
Galería:
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