Los escasos restos actuales del Castillo de Abla, también llamado Castillejo de Abla, se encuentran situados en el término municipal de la localidad de Abla de la provincia de Almería (Andalucía).
Se
encuentran en la parte alta del pueblo, sobre una pequeña meseta de
superficie horizontal, dominando el caserío y el valle, antiguo e
importante camino desde la antigüedad. Mantiene contacto visual con
el Castillejo de Abrucena y la Alcazaba de Fiñana.
Ya
fue poblado este cerro por los íberos bastetanos, durante los siglos
V-III a.C. y luego fue ocupado por los romanos. Es nombrado por el
geógrafo Ptolomeo en el siglo II (Abvla) como perteneciente a la
Bastetania. En el Itinerario de Antonino también aparece documentada
(siglo III) figurando como “mansio”, es decir, lugar donde se
aprovisionaban y descansaban viajeros, comerciantes y tropas. Fue
cristianizada Abla por San Segundo, nombrado obispo, por lo que esta
población fue una de las primeras sedes episcopales hispanas.
Hacia
el año 888, Ibn Hayyan señala la construcción por parte de los
marinos de Bayyana, de veinte ciudadelas en esta zona, entre ellas la
de Abla, con el objeto de controlar el camino que desde la costa se
dirigía hacia el interior. Abla es nombrada por los cronistas
Al-Udri, Al-Idrisi e Ibn al-Jatib. En el siglo XI, Abla pertenecía a
la Cora de Elvira, dependiente de Granada, pero se vió envuelta en
las luchas y guerras que tuvieron lugar entre los reinos de Granada y
Almería, por lo que fue fortificado su castillo. En 1435, Rodrigo
Manrique realizó una cabalgada contra Abla, a la que tomó
prisioneros y acémilas.
Los
Reyes Católicos la conquistaron definitivamente en diciembre de 1489
quedando incluida en el reino de Castilla. Pero al año siguiente se
produjo una sublevación que fue rápidamente sofocada por el marqués
de Villena y Álvaro de Bazán. Abla quedó como lugar de la villa de
Fiñana y quedó sometida a su jurisdicción. En 1568 se produjo la
rebelión morisca de la Alpujarra y los sublevados profanaron la
iglesia e intentaron tomar la fortaleza de Fiñana, pero a finales de
noviembre de 1569 el marqués de los Vélez consiguió sofocar
duramente la rebelión. En 1571 se repobló con nuevos pobladores
castellanos (Libro de Apeos), aprovechando para deslindar y amojonar
término propio y concederle el título de Real Población.
Se
trata de una antigua alcazaba musulmana que ocupa una superficie más
o menos circular sobre laderas inaccesibles excepto al oeste, por
donde llega un camino. Sus únicos restos son un maltrecho lienzo de
muy escasa longitud, de tapial, y un aljibe.
El
aljibe tiene forma rectangular (8 x 2’5 m.) y una altura de 2,50 m.
y se cubría con una bóveda de cañón. Está construido con la
técnica romana de opus caementicium. Fue reutilizado en el castillo
árabe hasta el siglo XV, en que fue abandonado. Se utilizó como
balsa para riegos en un cortijo hasta mediados del siglo XX y luego
como corral. Actualmente está colmatado de escombros. Muy mal estado
y prácticamente desaparecido.
Fuentes: Wikipedia
castillosricsol.org
Galería:
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